domingo 13 de enero de 2008

Los pájaros también lloran.

Un día de enero del año 2006 se nos fue la bella Anjana. Se marchó en la aún mocedad, mecida al calor de dos corazones y lágrimas humanas.Desde el primer día que llegó a casa se aferró a su orgullo y jamás consintió ser sometida a voluntad alguna que no fuera la suya.

Con tiempo cariño y libertad conseguí ganarme su confianza. Los días fríos de invierno se recogía al calor de mi pecho, luego me lo agradecía peinándome con el peine de una sólo púa o acariciándome las orejas con el terciopelo de su engalanado vestido de verde rojo y azul celeste.
Un día que nos enfadamos abrí puertas y ventanas y la dije que se marchase si a sí lo deseaba, que se fuese a su mundo al ambiente propicio para sus ansias de volar..., y se marchó..., pero volvió, volvió de noche, pero volvió..., y me alegré, me alegré y me emocioné por su vuelta.Tal vez pensó “que la Tierra no es siempre el mejor lugar para vivir aunque tengas de la muerte la libertad de hacerlo”
De nuevo en casa nos perdonamos errores pasados y gozamos el uno del otro.Mi mujer era su mejor confidente, sin duda, siempre hicieron “buenas migas” y eso se dejaba notar en su semblante, el cual irradiaba un rojo copete de vida feliz cuando estaba con ella.

A la hora de la sienta se acercaba volando hurgando un lugar debajo de las sábanas, posaba su cabeza sobre mi hombro y se quedaba dormida.
Sus ganas de aprender y nuestra paciencia dieron sus frutos, pronto pasó a ser un miembro más de la familia, nunca quiso ser mascota. Supongo que fue por eso, por lo que un día, cual posesa, la dio por arrancarse toda pluma que le recordara que únicamente era un pájaro, una hembra de Agapurni, a la que puse de nombre “Anjana”.

Sus constantes heridas en la piel que tantas veces la curamos, provocadas por unas ansias desmesuradas de rasgarse las vestiduras de su plumaje ocasionaron su muerte. Llagada a más no poder en apenas unos días se nos fue de la vida.


Anoche, siempre será anoche para nosotros, a las tres de la mañana me desperté y toque su cuerpo, el frío de su vida tiritó en mi cerebro, estaba muerta, había muerto con nosotros en nuestra cama donde paso sus últimos halitos de vida, me levanté y la llevé al salón- sus ojos medio abiertos aun parecían destilar lágrimas, lágrimas humanas- puse mis manos sobre su corazón y ordené mentalmente a toda la energía de vivo que me hala – que diera de mi, vida a la muerte, a la muerte de un ser vivo que además de ave, era alma y corazón...
Intuimos que esa noche moriría y murió con nosotros en nuestra alcoba, al arrope de nuestros corazones.
Así fue como un día triste, muy triste, se nos fue la niña pequeña de la casa, Anjana, el Agapurni que lloraba lágrimas humanas que anoche por última vez mi mujer y yo besamos...

domingo 2 de septiembre de 2007

¡ El Mundo perecerá abrasado !


Es por eso que sufro, además de ser esclavo de esta maldita vereda humana, de la cual, por yo nacer, es de mí, andares, y sufro por la Tierra y su destino, reclusa en carnes triviales.
Fuego, de mi indignado cerebro emana. Fuego, incendiado hoy hasta morir saciará abrasado el mañana.




Una negra paloma me llegó con una brasa en el pico. Luego, de dejarla caer en mi mano, se perdió entre el humo negro de la noche negra.
Grité al sentir la lamida de la sedienta brasa a la vez que la arrojaba por el vacío barranco que se antoja ver desde mi ventana.
Esa madrugada comprobé que también las noches, las negras noches, poseen horizontes. Horizontes de sombras claras, que a lo lejos decrecían o se encrespaban al compás de las invisibles manos del fuego.

No había duda en mi lánguida mirada; el horizonte se estaba abrasando. Sus ojos de noches ciegas, se derretían en la cumbre entre el ego lloroso de las llamas, llanto de lumbre.

“Extínguete, maldito,
expulsa tu bilis en los infiernos
y deja morir templada a la noche,
vivir, al amanecer purpúreo del día "..., gritando desde mi ventana supliqué al fuego-monstruo insaciable de neutrinos, a sabiendas de que llorar él no sabía- mientras, vilmente atizado por el dios Eolo , se acrecentaba en las lomas prosas. Sin agua, sin vida, sin sueño, ni rosas..., esa noche comprobé que no hay fuego que súplica no abrase.





Mientras las gentes del pueblo abandonaban sus casas, las campanas de la iglesia tañían, nerviosas serenatas de árido bronce, entre el alboroto de los murciélagos del campanario que cabeza abajo no cejaban de rogar la llegada de vampiros nubarrones. Suspirando trinaban rezos
los jilgueros en sus jaulas, colgadas de los balcones.
Las ranas chamuscadas perecían intentando hurgar el velo de la charca donde antes soñaban con húmedos saltos.
Ni una mísera nube esa noche acampaba en el cielo, ni una blanca nube que frunciera guiños de jaque mate por un limbo ajedrez “Damero bicolor" donde el blanco no sea siempre.
A pesar del deplorable concierto de crasas mangueras, con el odre contaminado el soliviantado fuego creado por la mano humana no cejaba de crecer. Era tal su magnitud que incluso la propia noche se fugaba disipándose ante el temor de convertirse en partícula.
Una vez llegado el día, el ozono, enorme capa que en el cielo habita en creciente rasgadura, de nuevo traslucía el fuego del sol que nos quema.
Desempolvando oráculos, pongo mi caminar hacia uno de los pocos tallos del muerto bosque que aún brotaba al amanecer, tallos que mañana impregnarán ácidos...
De repente, un gemido amargo me hizo volver la vista hacia la cima de donde provenía. Entre reflejos del recién sol divisé la figura de un Centauro, el cual, con el rostro apenado, observaba el abrasado bosque, roñoso de vida, mísero de vergel.
Entristecido, cual dueto de clarín y timbal, el Centauro, llorando como hombre relinchando como animal, pateaba una y otra vez la vileza de los rescoldos, que supuraban muerte, de arbóreos cadáveres carbonizados.
Suspirando entre los calcinados brotes que antes relucían verde, el centauro -mitad hombre, mitad animal- polifacético, biforme, lloraba como animal, relinchaba como hombre...


"Conócete a ti mismo" dijo Apolo, hijo de Zeus... No lo duden, "Todos pereceremos abrasados." Únicamente es cosa de tiempo, de poco tiempo “no hay infierno eterno”.

Este año como todos los años de nuevo veremos arder a los desheredados árboles, los cuales, yo lo sé, lloran cuando se les abrasa intencionadamente, aunque no se les oiga pero verdad es que lloran.
Muchos perecerán por causas naturales, debido al abandono absoluto de quienes deben de velar por ellos, mientras otros serán quemados por reptiles asesinos de sesos necrófilos.

Año tras año se van incrementando las posibilidades de extinguirnos, víctimas de parásitos mentales, cuales son los asesinos, pirómanos, y otros despropósitos organizativos de políticos insensatos, inservibles, e ignorantes.
Cientos de incendios por negligencias, Montes y Bosques abrasados por “cantamañanas” que se dicen solidarios, amigos de sus amigos, además de educados y buenas gentes.
A estos pirómanos domingueros hay que sancionarles sin piedad alguna y que paguen sus imprudencias plantando, en su tiempo libre, todo lo que quemaron, árbol por árbol, matorral por matorral y brote por brote, uno a uno hasta que repongan el daño causado a la sociedad.
De esta manera se les tendrá controlados, cual babosos con peligrosidad eminente.
En cuanto a los que se dedican intencionadamente a quemar el verde futuro humano, no admiten ni perdón, ni democracia, ni ley alguna si en verdad la ley fuera “Ley hecha para Humanos”.

Estos seres, los más atrasados de entre todo ser vivo, no le llegan a los monos ni al agujero excretor de la baja espalda, ya que únicamente son escoria de sus propios excrementos.
No viven, andan, no piensan, comen, no aman, ni tienen sentimientos. Únicamente son ojos y carne, que se dedican a quemar todo lo que encuentran a su paso mientras se ríen escupiendo sus propias babas.

Es imposible hacer mayor mal a la humanidad si se abrasa su futuro.
"Colgarles” al parecer no podemos, ya se sabe la libertad, la democracia, la defensa de los derechos y los torcidos humanos lo impiden, amén de que apenas queda árbol vivo para tal menester.

Estos amorfos triperos no cejarán hasta incinerarnos a todos ya que no han sido paridos sino defecados, salieron del erebo y sólo el infierno les produce placer
Diarreico placer por el cual pereceremos todos en virtud de la manifiesta incompetencia de la ley Española... A no ser que a estos dementes pirómanos se dediquen a "quemar vivos" a políticos y magistrados opíparos vergeles de lobos ricachones.
Cuadro del mismo autor ( Ivanla)




miércoles 8 de agosto de 2007

Todos estamos muertos

"Todos estamos muertos a falta únicamente de que otros pongan la fecha"

La tuve en mis tiemblas manos ayer viva, en mis tientos, la cuchara de sus últimos alimentos.
La historia se repetía de nuevo, ahora la “cuchara del avión” esa que tanto mentía ya que jamás era “la última” se adentraba en la boca de la insustituible madre enferma, “ésta por el nene”, ésta por...
.Aunque perdidas las esperanzas, tras muchos días ingresada, siempre encontraba argumentos para su vivir en cábalas médicas, “si supera esto se irá para casa”, “si elimina líquidos le darán el alta”. Siempre hay una cábala para una madre, incluso cuando ya no respira más que pequeños hálitos de muerte.
Mis manos, esas que ella me inventó de su vientre, suavemente rozan su frente deseando más que esperando el quimérico milagro de la resurrección, mientras los ojos lloran, maná de lágrimas que besan su rostro impávido de vida e hirviendo de muerte plena.
“Adiós madre, hasta siempre” fueron mis últimas palabras.
Más tarde, el cristal de la caja de madera que de oro se paga, enseña el rostro recompuesto con pegamentos y guatas.
Unos vienen, otros van, preguntas y pésames, noticias de tanto tiempo sin verte, incluso la familia en esos momentos es más numerosa que nunca, todo es de agradecer aunque de mi madre ya no quede más en el tanatorio lugar, que el envoltorio con el que reflejó a los demás en vida.
El ser energético raudo subió en el carro de bella luz que conduce al duende de las estrellas.
Rezos y perdones de cielos, susurran cerca de su caja de plomo, pesos y pesares que son trasladados al nicho donde reposarán para siempre.
La lápida se cierra..., todos queremos llorar pero nadie quiere ser el primero, nos reprimen las formas y nos queman los fondos, aunque yo sé, de sobra sé, que la madre que me dio la vida se mudó de piel dejando en la tierra únicamente negocio para los vivos y lágrimas para sus seres más queridos.
En verdad todos estamos muertos a falta de concretar la fecha, la de mi madre no fue otra que el dieciocho de marzo del 2007, a las nueve de la noche. Y así fue confirmada por los aún vivos, unos en virtud de sus negocios, otros por amistad, y yo por ser testigo de mis propias lágrimas. Las más amargas de las lágrimas cuando un hijo ha de certificar la fecha de la muerte de su adorada madre.
Mi calavera daría por su vida ya que en nada me corresponde al ser entera de mi Madre, universal flor que del rocío inventó vidas.
Besos eternos Madre nunca faltarán en tu adorable corazón mientras yo muera.
( Ivanla)