
Es por eso que sufro, además de ser esclavo de esta maldita vereda humana, de la cual, por yo nacer, es de mí, andares, y sufro por la Tierra y su destino, reclusa en carnes triviales.
Fuego, de mi indignado cerebro emana. Fuego, incendiado hoy hasta morir saciará abrasado el mañana.
Una negra paloma me llegó con una brasa en el pico. Luego, de dejarla caer en mi mano, se perdió entre el humo negro de la noche negra.
Grité al sentir la lamida de la sedienta brasa a la vez que la arrojaba por el vacío barranco que se antoja ver desde mi ventana.
Esa madrugada comprobé que también las noches, las negras noches, poseen horizontes. Horizontes de sombras claras, que a lo lejos decrecían o se encrespaban al compás de las invisibles manos del fuego.
No había duda en mi lánguida mirada; el horizonte se estaba abrasando. Sus ojos de noches ciegas, se derretían en la cumbre entre el ego lloroso de las llamas, llanto de lumbre.
“Extínguete, maldito,
expulsa tu bilis en los infiernos
y deja morir templada a la noche,
vivir, al amanecer purpúreo del día "..., gritando desde mi ventana supliqué al fuego-monstruo insaciable de neutrinos, a sabiendas de que llorar él no sabía- mientras, vilmente atizado por el dios Eolo , se acrecentaba en las lomas prosas. Sin agua, sin vida, sin sueño, ni rosas..., esa noche comprobé que no hay fuego que súplica no abrase.
Mientras las gentes del pueblo abandonaban sus casas, las campanas de la iglesia tañían, nerviosas serenatas de árido bronce, entre el alboroto de los murciélagos del campanario que cabeza abajo no cejaban de rogar la llegada de vampiros nubarrones. Suspirando trinaban rezos
los jilgueros en sus jaulas, colgadas de los balcones.
Las ranas chamuscadas perecían intentando hurgar el velo de la charca donde antes soñaban con húmedos saltos.
Ni una mísera nube esa noche acampaba en el cielo, ni una blanca nube que frunciera guiños de jaque mate por un limbo ajedrez “Damero bicolor" donde el blanco no sea siempre.
A pesar del deplorable concierto de crasas mangueras, con el odre contaminado el soliviantado fuego creado por la mano humana no cejaba de crecer. Era tal su magnitud que incluso la propia noche se fugaba disipándose ante el temor de convertirse en partícula.
Una vez llegado el día, el ozono, enorme capa que en el cielo habita en creciente rasgadura, de nuevo traslucía el fuego del sol que nos quema.
Desempolvando oráculos, pongo mi caminar hacia uno de los pocos tallos del muerto bosque que aún brotaba al amanecer, tallos que mañana impregnarán ácidos...
De repente, un gemido amargo me hizo volver la vista hacia la cima de donde provenía. Entre reflejos del recién sol divisé la figura de un Centauro, el cual, con el rostro apenado, observaba el abrasado bosque, roñoso de vida, mísero de vergel.
Entristecido, cual dueto de clarín y timbal, el Centauro, llorando como hombre relinchando como animal, pateaba una y otra vez la vileza de los rescoldos, que supuraban muerte, de arbóreos cadáveres carbonizados.
Suspirando entre los calcinados brotes que antes relucían verde, el centauro -mitad hombre, mitad animal- polifacético, biforme, lloraba como animal, relinchaba como hombre...
"Conócete a ti mismo" dijo Apolo, hijo de Zeus... No lo duden, "Todos pereceremos abrasados." Únicamente es cosa de tiempo, de poco tiempo “no hay infierno eterno”.
Este año como todos los años de nuevo veremos arder a los desheredados árboles, los cuales, yo lo sé, lloran cuando se les abrasa intencionadamente, aunque no se les oiga pero verdad es que lloran.
Muchos perecerán por causas naturales, debido al abandono absoluto de quienes deben de velar por ellos, mientras otros serán quemados por reptiles asesinos de sesos necrófilos.
Año tras año se van incrementando las posibilidades de extinguirnos, víctimas de parásitos mentales, cuales son los asesinos, pirómanos, y otros despropósitos organizativos de políticos insensatos, inservibles, e ignorantes.
Cientos de incendios por negligencias, Montes y Bosques abrasados por “cantamañanas” que se dicen solidarios, amigos de sus amigos, además de educados y buenas gentes.
A estos pirómanos domingueros hay que sancionarles sin piedad alguna y que paguen sus imprudencias plantando, en su tiempo libre, todo lo que quemaron, árbol por árbol, matorral por matorral y brote por brote, uno a uno hasta que repongan el daño causado a la sociedad.
De esta manera se les tendrá controlados, cual babosos con peligrosidad eminente.
En cuanto a los que se dedican intencionadamente a quemar el verde futuro humano, no admiten ni perdón, ni democracia, ni ley alguna si en verdad la ley fuera “Ley hecha para Humanos”.
Estos seres, los más atrasados de entre todo ser vivo, no le llegan a los monos ni al agujero excretor de la baja espalda, ya que únicamente son escoria de sus propios excrementos.
No viven, andan, no piensan, comen, no aman, ni tienen sentimientos. Únicamente son ojos y carne, que se dedican a quemar todo lo que encuentran a su paso mientras se ríen escupiendo sus propias babas.
Es imposible hacer mayor mal a la humanidad si se abrasa su futuro.
"Colgarles” al parecer no podemos, ya se sabe la libertad, la democracia, la defensa de los derechos y los torcidos humanos lo impiden, amén de que apenas queda árbol vivo para tal menester.
Estos amorfos triperos no cejarán hasta incinerarnos a todos ya que no han sido paridos sino defecados, salieron del erebo y sólo el infierno les produce placer
Diarreico placer por el cual pereceremos todos en virtud de la manifiesta incompetencia de la ley Española... A no ser que a estos dementes pirómanos se dediquen a "quemar vivos" a políticos y magistrados opíparos vergeles de lobos ricachones.
Cuadro del mismo autor ( Ivanla)